Cultura | 07/09/2018

Tiburón y la magia de los “blockbusters”

Tiburón y la magia de los “blockbusters”

Brújula Digital, 6|9|18

Jerussa Pozo

Un buen blockbuster es como un analgésico de 500 mg luego de la extracción de una muela del juicio, o algo así.

Empecemos por el principio: el término norteamericano blockbuster se refiere a las películas que baten records en taquilla; se trata de esas producciones hollywoodenses en las cuales el público asiste en masa al día del estreno y las semanas siguientes (luego de una campaña de marketing agresiva); cuentan con directores y repartos reconocidos; llegan al mayor número de personas; se convierten en franquicias; cuentan con secuelas, precuelas, spin-offs, etc.

Estas características no restan la calidad actoral y los buenos guiones, pero es muy probable que se llegue a prescindir de estos.

Cabe mencionar que dicho término fue popular por la empresa que arrendaba películas y videojuegos de forma masiva en Estados Unidos y que tuvo su auge durante las décadas de los 80 y 90, cuando llegó a tener cerca de 90 mil sucursales. Tras la llegada de San Netflix, cerró todos sus establecimientos y ahora cuenta con una sola tienda en Oregón. Esa única tienda pasó a ser algo así como una casa patrimonial para nostálgicos.

Volvamos a lo nuestro. En otras palabras, el blockbuster llega a ser la chica bonita y popular del mundo de la cinematografía. Un ejemplo clásico es Tiburón (Jaws) de Steven Spielberg de 1975, que fue uno de los filmes que dio inicio a este tipo de películas.

Pese a que no contaba con un gran presupuesto, un joven Spielberg (tenia 29 cuando empezó a rodar la película) logró unir a los distintos tipos de público tocando una fibra universal: el miedo. Jaws batió records de taquilla con la imagen de la aleta dorsal acercándose y una banda sonora que resuena en sus mentes, seguramente, mientras leen este artículo. La novela que dio origen a la película fue escrita en 1973, hace 45 años, por Peter Benchley, que escribió parte de los guiones. El libro se publicó finalmente en febrero de 1974.

Las secuelas fueron una peor que la otra (muchos críticos de cine afirmaron que la mejor actuación era la del tiburón mecánico en comparación a la del reparto), pero el filme original logró posicionarse como una de las piedras angulares del mundo de las películas taquilleras.

Otras películas que vienen a mi mente son: Indiana Jones; Jurassic Park; Star Wars (que cuenta con dos trilogías y ya va por la tercera); Avengers; Terminator, etc.

Un factor importante, y posiblemente el esencial para el espectador de los “blockbusters” es la calidad terapéutica que tienen. Es sabido que muchas películas de esta índole llegan a estar en los primeros puestos por diversas razones, como que el ciudadano de a pie debe afrontar diversos problemas en su día a día (deudas, problemas en sus relaciones afectivas, frustraciones, etc.), pero cuando se sienta en la butaca frente a la pantalla grande todo esto parece ser un poroto a comparación de Jennifer Lawrence (o Bruce Willis o, Mark Walbergh según prefieran) que tienen que pelear a muerte para poder sobrevivir.

El ser humano tiende a comparar sus desgracias personales con las que Hollywood le muestra en la gran pantalla. La persona estará desempleada o deprimida, pero Will Smith igual tiene que salvar al mundo.

Este es el gran secreto y los productores de Hollywood lo saben muy bien.

Jerussa Pozo escribe sobre temas de cine



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